Dibujo de Universo Pamp.
Cuando volvieron del viaje de novios, el dinosaurio no se había movido de allí.
domingo, 13 de julio de 2014
Perros ladradores
Dibujo de Universo Pamp.
La sesión del
congreso empezó con unos cuantos ladridos, hasta que la
vicepresidenta tomó la voz cantante.
–Guau –aseveró
con un exceso de seguridad inusual en ella.
–Guau guau
–respondió el presidente de la oposición, intentando no ser
menos.
–Guau –volvió
a decir con chulería desafiante.
–Guau guau
guau.
Él contraatacó
con más énfasis, pero ella argumentó sin perder la calma:
–Guau, guau,
guau.
–¡Guau guau
guau! –intervinieron indignados los del grupo independiente.
–¡Guau guau
guau guau! –la ministra de empleo se dio por aludida.
–¡Guauguau
guauguau! –cada vez eran más los diputados de la oposición que
contestaban.
El ministro de
defensa salió al ataque.
–¡Guauguauguauguauguauguau!
Los pacifistas se
alzaron.
–¡Guau, guau,
guau! ¡Guau, guau, guau!
–¡Grrr, guau
guau, grrr! –el ministro de educación también quiso opinar.
Todos levantaban la voz, los ecologistas y los
de acción social aullaban sin parar. El presidente no sabía qué
hacer, se veía acorralado, quería poner orden, pero solo pudo
decir:
–Miau…
domingo, 29 de junio de 2014
Jeromín
Dibujo de Universo Pamp.
Hoy ha sido un
día duro. Intento olvidarlo, intento sacarlo de mi cabeza, borrarlo
como borro la pizarra, pero no puedo. Hoy, Jeromín ha hablado en
clase. Sí, Jeromín, el muchacho cabizbajo que nunca levanta la voz,
el que se pasa las tardes dibujando montañas. Nunca había dado
problemas, nadie tenía queja de él, claro, que a nadie le
importaba lo más mínimo. Su padre siempre estuvo ocupado, y su madre no le
escuchaba.
En clase no es
nadie, pero en su mundo es el león de la montaña, el malvado rey
Jeromín que domina a las bestias. En sus dibujos alza los brazos,
victorioso, bajo un sol amarillo limón.
¿Cómo poder
olvidarlo? Parecía jodido, sin dolor, sin reacción ninguna. Quise
ayudarle, ni siquiera recuerdo qué le pregunté, solo sé que se
levantó y abrió la boca. Liberó al león que lleva dentro, sacó
toda su ira.
Hoy, Jeromín ha
hablado en clase, y todavía me duele. Sus palabras me golpearon con
furia, con aquellos verbos afilados como los colmillos de una bestia.
No pudimos reaccionar, nos quedamos paralizados, atónitos, al ver
como salía corriendo. Corrió desesperado, por las calles, por los
descampados, por el bosque. Corrió hasta sabe Dios donde,
lanzando su grito de guerra.
La policía se lo
ha encontrado encogido en una piscina vacía. Hundido en su propia
miseria.
Aún no sé con
qué cara le miraré mañana.
lunes, 23 de junio de 2014
sábado, 31 de mayo de 2014
30 Minutos
Dibujo de Universo Pamp.
Aún queda media
hora para que la bomba explote. Media hora todavía y Lucía no acaba
de llegar. El edificio ya ha sido evacuado y me sobra tiempo para
huir, pero claro, si suelto el cable ya no será media hora sino 30
segundos. La suerte está echada, la policía no me dejará salir con
vida, y me niego a morir sin decirle que la quiero. ¡Maldita bomba
sensible a las ondas que no me permite llamarla! Bueno, mejor así,
por fin podré decírselo a la cara.
El contador marca
25 minutos. En verdad no es tanto tiempo, pues también le tengo que
pedir perdón. Perdón por todo lo que le hice, por los escándalos,
por las detenciones, por los embargos del banco, y por lo de su
padre. Yo nunca quise matarle, era un buen hombre, y un honrado
policía. Era una cuestión de muerte, era él o yo. En verdad fue un
accidente. ¡Como lo de esta bomba!
¡Maldita sea, 17
minutos! ¿Pero donde está?
A lo mejor no
quiere venir, quizá deseé verme muerto. Así se haría justicia, el
asesino habría caído. Puede que así por fin acepte el dinero del
atraco, si no por ella, por nuestro hijo. El pobre no tiene culpa de
nada.
12 Minutos. Si se
decide a venir no tendrá tiempo suficiente para huir, no podré
decirle todo lo que siento.
¡Mierda! Se me
está durmiendo la mano, no voy a aguantar mucho tiempo así. ¡Vamos,
imbécil, que aún quedan 6 minutos! Debería desistir y reventar de
una vez, pero no puedo renunciar a estos 4 minutos que me quedan para
verla. Aunque me pegara, aunque me escupiera en la cara y me llamara
idiota. Es lo que merezco, soy un mal marido y un mal padre, soy un
pésimo criminal. Nunca supe llevar una vida honrada, nunca supe
manipular explosivos.
50 Segundos. Ya
no vale la pena que venga. Mejor así, que viva su vida y sea feliz.
¿Lucía? ¿Qué
haces? ¿Por qué me miras así? Por favor, no digas nada.
¿Pero qué
haces? ¡No, no vengas! ¡Vete! ¡No, no me abraces!
¡Joder, que se
me escapa el cable!
sábado, 3 de mayo de 2014
El día de la madre
Dibujo de Universo Pamp.
Dolores
se levantó esa mañana temprano, ignorando los achaques, y limpió
la casa de cabo a rabo, hasta dejarla como una patena. Podía
reflejarse en los azulejos del baño, pero no quería verse vieja y
arrugada, todavía no. Se puso lo primero que encontró y bajó al
mercado. Compró lo justo para preparar una mala comida y una gran
cena, discreta pero buena, para cuatro invitados. Pasó por la
pastelería de Gallardo y cogió una tarta de albaricoques, la que
tanto gustaba a Rufino.
De
vuelta en casa, descansó un rato su dolorida espalda y se puso a
cocinar. Preparó un caldo para comer y unas truchas encebolladas
para la cena. Les añadió patatas al estilo campero, como le
gustaban a Teófilo. Sabía que de ahí a la noche se quedarían
frías, pero tampoco importaba mucho.
Se
echó una siestecilla viendo la telenovela, y después se dio un buen
baño caliente, nada de duchas frías, le puso sales aromáticas de
la Toja. Estuvo un buen rato en el agua, a riesgo de arrugarse más,
disfrutando el momento de paz antes de la fiesta.
Dejó
los vestidos negros en el armario y se planchó la falda azul marino.
La combinó con su camisa estampada. Se maquilló la cara para estar
guapa, pero no se puso sombra de ojos en deferencia a su madre, ella
siempre pensó que eso era de fulanas. Sus pulmones hicieron un
esfuerzo especial por soportar la cantidad de laca necesaria que
echarse para que su pelo quedara curioso.
Cuando
sacó el mantel de los domingos y la cubertería buena, los gatos
salieron de la casa, porque sabían qué día era.
Colocó
la mesa en mitad del salón, con sus cinco sillas, sus cinco
cubiertos y sus cinco platos de trucha con patatas. En las cinco
copas sirvió vino tinto del bueno, de Valdepeñas, que trajo de la
bodega de Damián. Sabía que Hipólito no podía tomar alcohol, pero
qué porras, un día era un día.
Colocó
las fotos de sus cuatro hijos, cada una en su sitio, y la tarta de
albaricoques en el centro de la mesa, adornada con cuatro velas. Se
sentó y esperó con la copa en la mano.
Cuando
se apagó la primera vela, sabía que era Rufi, él siempre era el
primero en llegar a ver si su madre necesitaba algo. Tras su hermano,
Poli no tardó en aparecer, el pobre siempre necesitando la ayuda de
mamá. Inmediatamente, la tercera vela se apagó cuando Teo acudió
al olor de las patatas camperas. La cuarta vela tardó un rato en
apagarse, pero la forma violenta en que lo hizo anunciaba claramente
la llegada de Juanra. Su madre no se lo tuvo en cuenta, hacía tiempo
que le perdonó todo aquello.
Pletórica
de felicidad, alzó la copa y se dijo a sí misma:
–¡Feliz
día, mamá!
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