sábado, 30 de mayo de 2015

La parca y yo

                                                    Dibujo de Universo Pamp.


Nunca pensé que esto duraría tanto, pero así fue. El día que la parca me vino a ver, la desafié a una partida de ajedrez. Sí, ya sé que suena pedante, aún no comprendo por qué lo hice. No digo que no fuera por miedo, que lo tenía, ni por ganas de vivir, que tenía muchas más, y aún las sigo teniendo. Puede que fuera por esa forma de ser de los de nuestra tierra, el caso es que ella aceptó.

Hubo un tiempo en que pensé que podría ganarle, pero claro, nadie puede vencer a la muerte. Yo jugaba con prudencia, no quería sacrificar ninguna ficha, ella iba a lo que iba. Qué le vamos a hacer. Por el camino perdí peones, alfiles, amigos y familiares. Era inevitable, la partida tenía que avanzar. Yo nunca fui muy bueno en esto, lo reconozco, pero aguanté como un campeón. Ella tuvo que dar lo mejor de sí misma, se lo pasó verdaderamente bien. Durante mis estancias en el hospital, llegamos a ser buenos amigos.

Al final, mi rey cayó, la cosa no se podía alargar más.

Ha estado bien, no lo lamento, solo siento haber dejado sola a mi reina. Bien sabe Dios que si me han vencido es porque la protegía a ella. Al fin y al cabo, todos nos volveremos a reunir en el tablero. Y qué porras, si me tengo que ir, es mejor hacerlo con una buena amiga.

domingo, 5 de abril de 2015

Holocausto

                                                     Dibujo de Universo Pamp.


José Francisco Calvario se presentó en mitad de la plaza y esperó. Esperó de pie, bajo el sol abrasador, sin desfallecer y sin bajar la mirada.
Meco Morales llegó, con su traje italiano y sus gafas de sol, portando una semiautomática de fabricación sueca. Se colocó frente a él, y con una mirada de desprecio, preguntó:

–¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¡Tú no eres al que espero!

–No importa –contestó Calvario–, yo estoy aquí por él.

Al sicario no le hizo ninguna gracia aquello.

–¿Qué chingadera es esta? ¡Tú no eres a quien tengo que matar!

–Reynaldo Coronas no va a venir, yo he venido en su lugar.

–¿Pero qué dices, cabrón? ¡No seas pendejo! ¡No tengo nada contra ti!

Se le estaba acabando la paciencia, él era un profesional y no tenía por qué soportar eso, pero el bueno de José Francisco se empeñó en permanecer allí, en lugar del terrible narcotraficante. Morales le disparó en las rodillas, se supone que le tenía que hacer sufrir, pero al final se decidió a vaciarle el cargador en la cabeza.

La gente escuchó los disparos y acudió corriendo al lugar, y al ver el cuerpo tirado en el suelo, empezaron a darle patadas.

–¡Toma, desgraciado, por hacernos sufrir!

–¡Toma, maldito, tus drogas no nos traerán más suplicios!

Los niños le tiraban piedras, y las ancianas le escupían. Cuando llegaron los policías, se pusieron a dispararle, ya fueran corruptos o no, aún a sabiendas de que no era el auténtico Coronas.

La gente del cártel desvalijó la lujosa casa de su jefe, llegaron a compartir el botín con sus rivales, los hombres de Carranza, que habían llegado con intención de matar. Ahora podían huir y empezar una nueva vida.

Los campos de coca fueron arrasados por los agentes de la C.I.A, que vieron que el negocio se acababa, y se marcharon de aquel pueblo que nunca les recibió bien. Los jóvenes del lugar ya no podrían ganarse la vida en aquellos cultivos, pero no lo sintieron, esa no era forma de salir adelante.

Los aldeanos enterraron el cuerpo de Calvario en el desierto. Nadie dijo nada, el párroco rezó dos salmos, y nadie volvió a hablar de ello.

Reynaldo Coronas y su familia se instalaron en una humilde choza, para vivir del huerto de patatas que había junto a ella. En el pueblo nadie puso ningún reparo, le aceptaron como a uno más.
Cada noche, durante la cena, dan gracias a Dios por los alimentos recibidos, y a aquel pobre campesino, por pagar sus pecados por él y por todos.

domingo, 22 de febrero de 2015

El otro día

                                                   Dibujo de Universo Pamp.


El otro día murió mi tío.
El médico le dio tan solo unas horas de vida, pero él aguantó. Aguantó horas, semanas y días. Aguantó sin siquiera quererlo. Harto ya de todo, y casi sin saberlo, aguantó y aguantó hasta el final.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Bajo el manzano

                                                  Dibujo de Universo Pamp.


–¡Vamos a escribir un libro! –gritaron todos al unísono.

Nos reunimos bajo el manzano blanco, con la pequeña Melinda. Laura llevó lápiz y papel, yo la llevé a ella, y ella trajo a Germán para que nos ayudara.
Miguel vino con sus medionovias y Paula con su melancolía. Cabrales trajo unos sacos para echar unas carreras. Carlos, viendo que había chicas en el grupo, prefirió jugar a “burro”, el muy pillo se puso su supermano.
José Luis llegó en bicicleta y José Antonio montando un andrajoso caballo. Isabel llegó con sus zapatitos de charol y Alberto trajo su camiseta, la de el, la de ella, bueno, esa camiseta tan especial. El otro Alberto apareció con un amigo que tenía muy malas pintas, pero aún así lo aceptamos en la fiesta.
A Miguel Ángel le perseguía un perro mal encarado, pero conseguimos calmar a la bestia dándole unas manzanas. Está claro que las manzanas blancas son las más sabrosas.
Empezaba refrescar y Lali se abrigó con una telaraña dorada que llevaba en el bolso. Era la hora de empezar y Mari-Carmen se puso sus enormes gafotas. Mari-Cruz lamentó haber ido con sandalias, porque iba a coger frío en los pies.
Pablo había traído una vieja Biblia, por si nos podía inspirar. Paco le explicó qué partes teníamos que tener en cuenta y cuales no. Manuel optó por llevar su cuaderno de matemáticas, que le inspiraba mucho más.

Una vez reunidos todos, comenzamos a escribir. A escribir todo tipo de relatos, de cuentos y de ensayos. Nos permitimos, incluso, el lujo de comentar las obras de los grandes autores, y de los pequeños también, aunque, claro, todos los autores son grandes. No podíamos parar.
María Teresa tocaba la trompeta para amenizar el ritual. Entonces apareció Amelia, ataviada de súper-héroe, con una considerable indignación porque no habíamos contado con ella.

–No, mujer, no, no te enojes –le dijimos–, aparca tu batmoto junto a la bici y únete a la fiesta.

Chema quiso aprovechar la ocasión para publicitar su último libro. Le mandamos a tomar viento fresco a la orilla de Portugal.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Keka Deluxe

                                                Dibujo de Universo Pamp.


Keka Muñeca tiene una peca. Se la tapa con crema cuando va a la discoteca.

–¡Mamá, Keka se ha ido a la discoteca!
–¿Pero cómo se va a ir a la discoteca, si tan solo es una muñeca?
–¡Qué sí, que sí, que se ha traído a un noviete!
–¿Pero cómo se va a traer un noviete?

–Señora, un placer, me llamo Alfonsete.
–¡Pero, Keka! ¿Te has traído un muñeco extraño a casa?
–¡Sí, mamá, sí, dile algo!
–Nena, tú no te metas, que esto es cosa de mayores.
–¡Jo, mamá, pero es que es mi muñeca, y ha traído un extraño a casa!
–Qué no, señora, que ha dicho que se llama Alfonsete.
–¿Pero cómo se va a llamar Alfonsete? Si es Kent, yo tenía uno igual cuando era pequeña.
–Qué no, señora, que ya le he dicho que me llamo Alfonsete.
–¿Pero qué dices? ¡Si lo estoy leyendo en tu etiqueta! “Hola, soy Kent, soy el novio de Barbie”.
–¡Pero bueno! ¿Me has engañado? ¿Estás casado?
–Qué no, Keka, que te lo puedo explicar.
–¡Jo, mamá!
–Nena, te he dicho que no te metas en esto. Anda, abre la puerta, que están llamando.

–Mamá, es una señora que viene con una niña y una muñeca.
–¿No tendrán ustedes al marido de la muñeca de mi niña?
–¡Kent! ¿Qué haces con esa muñeca?
–¡Barbie! ¿Qué haces tú aquí?
–¿Y decías que no estabas casado?
–¡Jo, mamá, traeme a mi Kent!
–Nena, no te metas, vete a jugar con la otra nena.
–¡Kent, deja de tontear con esa muñeca boba y vuelve a nuestra casita!
–¡Oye! ¿A quién llamas tú boba? ¡Flacucha!
–¿Qué pasa? ¿Te gusta mi Kent? ¿Te ha contado lo suyo con la vaquera pelirroja?
–¿Pero qué dices? Si entre Jessie y yo no hay nada. ¿Por qué no le cuentas tú lo tuyo con el astronauta?

–¡Mamá, llaman al teléfono, es una tal Jessie!
–Hola, buenas, soy Jessie, del rodeo de Woody. Llamo porque me he dado por aludida.
–¿Pero cómo se ha enterado? ¿Y quién la ha dado mi teléfono?
–Llamo para decirles que no me metan ni a mí ni a mi amado Buzz en este embrollo con el que no tenemos nada que ver.

–¡Mamá, llaman por la otra linea, es Buzz Lightyear!
–¿Desde cuándo tenemos dos lineas de teléfono?
–Jessie, cariño, soy yo. Déjalo, no molestes a esta gente, ya he hablado con nuestros abogados y ellos se encargarán de todo.

–¡Mamá, llaman por la otra linea, es un señor de Disney!
–Buenas noches, soy el abogado de la empresa Disney y represento a los personajes de Pixar. Llamo para exigirles que acaben con este asunto, o nos veremos obligados a tomar medidas legales.
–¡Pero bueno! ¿Cuántas lineas tenemos?
–Mamá, dice que nos quiere llevar al juzgado.
–¡Bueno, se acabó! ¡Cuelga el teléfono! ¡Coge a Keka y vete a la cama! ¡Y devuélvele a la niña su Kent!
–¡Sí, eso! ¡Cariño, coge a tu Barbie y a tu Kent, y vámonos a casa! Señora, perdone por las molestias.
–No, mujer, no. No se preocupe, son cosas de niños. ¿Puedo ofrecerle un café?
–No, gracias, no queremos molestar más, pero… ¿ha pensado que podíamos ir a la tele a contar esto?
–Mmm…, no sé, deje que me lo piense.
–Mamá, ¿puedo ir yo?
–¡Nena! ¡A la cama!

jueves, 30 de octubre de 2014

Reencuentro

                                              Dibujo de Universo Pamp.


–¡Pero bueno! ¿Qué haces tú aquí?
–He venido a recibirte.
–A recibirme… ¿Se puede saber dónde te has metido todos estos años, que no has venido a verme?
–Mamá, estaba muerto. ¿No te lo dijeron?
–¡A mí qué me van a decir! Si yo preguntaba y preguntaba, y tus hermanos no me decían nada.
–Bueno, supongo que no querían que sufrieras, como estabas tan mal y olvidabas las cosas…
–Ya, bueno, pues mira por donde, al final te he encontrado.
–Sí. Te he echado de menos.
–Y yo a ti, hijo, y yo a ti. ¿Estás bien?
–Mamá, esto es el cielo, aquí estoy en la gloria. ¿Quieres que te presente a Dios? También anda por aquí Santa Gema.
–Anda, hijo, dale un abrazo a tu madre, que hace mucho que no te veo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

La abuela Manuela

                                                             Dibujo de Universo Pamp.


A la abuela Manuela le duele una muela, pero no va al dentista porque le da miedo. No tiene problemas en sacar las croquetas de la sartén con las manos, y el dentista le da miedo. Ella es así.

Cuando se cansa, se sienta en la silla y se quita una pierna, nunca me acuerdo si es la izquierda o la derecha, y la deja aquí o allí, le da igual. A veces la deja en el cuarto de baño, guardándole el sitio. Cuando se la quita, en su lugar queda un muñón gracioso y regordete, que termina en una cicatriz que parece sonreír.

Si le pregunto por el abuelo, se enfada.
–¡A ese señor no me lo menciones! –grita.
Papá siempre me dice que el abuelo está en la luna, y yo me río porque sé que es mentira.

La abuela Manuela grita mucho, pero enseguida se le pasa el enfado y se pone a cantar. Cuando habla por teléfono, se la oye desde la Conchinchina.

Sus croquetas son enormes y me gustan un montón, pero cada vez que las hace se quema las manos. Siempre está echándose pomada. Huele muy bien.

Las gafas de la abuela son mágicas, con ellas se ve todo muy grande. Cuando me las pongo, todo da vueltas como si montara en la montaña rusa. El otro día llegué a ver el futuro con ellas.
–¡Nena, quítatelas, que te vas a marear! –me dice.
Yo le pido que me haga croquetas y ella me dice que me hará torrijas, que se quema menos con ellas. ¡Mmm, torrijas, qué ricas!