viernes, 8 de enero de 2016

Ya vienen los ye-yes

                                                     Dibujo de Universo Pamp.


Los ye-yes yayos han llegado, cantando los éxitos de los sesenta, y apestando a hierba. El abuelo Gaspar trae porros, y la abuela Merche, incienso y peppermint. Él cuenta chistes verdes, luciendo su colorido poncho, y ella oculta su arrugada desnudez tras la guitarra, mientras canta a la libertad. Su cabello azul se ondea, agitado por el viento, al ritmo de sus desordenados acordes. El abuelo Beltrán ha llegado más tarde, cargado con birras. Le acompañan pajes, grupies y camellos. Traen regalos para todos. Hay leche, galletas, polvorones y copas de coñac.

¡Esta va a ser una gran fiesta como las de antes!

domingo, 27 de diciembre de 2015

Navidad en occidente

                                                     Dibujo de Universo Pamp.


El anciano veía como su traje rojo se había ajado con los años, y su ánimo también. Pensó en llamar a los Reyes, tiempo atrás fueron muy buenos consejeros, pero después del desplante del año pasado ya no querrían hablar con él. Desesperado, agarró la botella de Coca-cola, y en un último acto de cobardía, se la bebió de un trago, sin dejar de pensar que había más niños que juguetes, que había más trabajadores que trabajo, que había más piratas que botín.

Navidad en oriente

                                                      Dibujo de Universo Pamp.


El trineo se estrelló contra el monte. Sus restos se esparcieron por la ladera, junto a los cuerpos sin vida, de los renos y del anciano de la barba blanca.

–¿A quién se le ocurre sobrevolar una zona en guerra?

–¡Baltasar, no seas cínico, que te hemos visto! ¡Lo has hecho a propósito!

jueves, 17 de diciembre de 2015

Smells like heavy metal

                                                 Dibujo de Universo Pamp.


Allá en los años noventa, mi pelo creció a ritmo de grunge. No digo que quisiera ser Kurt Cobain, pero sí quería molar como él, apestando a espíritu adolescente. Pero mi melena nunca llegó a parecerse a la suya. Reconozco que era un gustazo agitar la cabeza cuando Cobain berreaba en flor, o sacudir lentamente la cabellera, cuando Polly pedía una galleta. Las noches de juerga eran bestiales en el momento que me soltaba la coleta.

Me llevé un buen palo, una noche que me crucé con un borracho que se empeñó en que con esos pelos parecía Bruce Dickinson. Yo crecí escuchando a Iron Maiden, y el amigo Bruce era el puto amo, para mí, pero yo quería ser Kurt. Los ochenta ya habían pasado, y lo que sonaba entonces era Nirvana, era Pearl Jam, era Sonic Youth. Por mucho que cambiara de garito, bar, local o discoteca, siempre me lo encontraba, llamándome a gritos, Bruce. A punto estuve de pegarle, pero a esas horas yo ya tenía una enorme borrachera, y el tío terminó cayéndome bien.

Lo último que recuerdo de aquella noche es vernos a los dos, ebrios perdidos, chapurreando a grito pelao, Run to the hills.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Escaleras

                                                     Dibujo de Universo Pamp.


Esta mañana la casa tenía un piso más. Y el ascensor sigue sin funcionar. Recuerdo cuando nos vinimos a vivir aquí, mi Rodolfo y yo, recién casados, llenos de ilusión. Él nunca quiso un bajo, con la gente pasando por delante de tu ventana, y metiéndose los bichos del jardín. En un primero estábamos bien, sin tener que usar el ascensor, ni cuando me subió en brazos, el día que lo estrenamos, ni cuando nació Raúl. Yo era una madre joven y no me importaba subir y bajar, cargada con el cochecito. Fue cuando nació Ricardo que me di cuenta que la casa había crecido y que tenía que bajar dos pisos, con el pequeño a cuestas, el mayor corriendo, y yo gritándole. Era cuando la señora Justina se asomaba por la puerta y me decía:

–Ay, Ramona, nunca te cansarás de estas escaleras.

Pero claro, el ascensor se estropeaba cada dos por tres, y a mí no me quedaba más remedio que tirar para arriba. Al poco de nacer Rafita, Rodolfo tuvo el accidente. Casi se me va. El coche quedó siniestro total, y él se vio obligado a subir tres pisos cada día, primero con las muletas y luego con el bastón. Nunca dejó que le ayudáramos. Cuando la Justi le oía pasar, siempre se asomaba.

–Tenga cuidado, don Rodolfo, no se vaya a caer –le decía.

Y a punto estuvo de salir rodando cuando tuvo que ir a buscar a Raúl a la comisaría. Estaba tan furioso que no se dio cuenta de que ahora vivíamos en un cuarto. Nos costó subir hasta el quinto para poder enderezar al muchacho. Fue antes de que su hermano se casara. Recuerdo que la madre de ella se sorprendió de lo bien que nos conservábamos.

–Es que hacemos mucho ejercicio –bromeé–, no paramos de subir y bajar escaleras.

La casa volvió a crecer cuando Rodolfo murió. Los de la ambulancia protestaron al ver que el ascensor no funcionaba. Al pobre Rafi le dio mucha pena tener que dejarme ahí, tan arriba, para irse a estudiar a Oxford. Pero la vida sigue, cumpleaños, bautizos, bodas y comuniones, y una tiene que seguir subiendo y bajando. Tarde o temprano llega un momento en que los hijos, las nueras y los nietos se cansan de tener que andar siete pisos para verte, bueno, ocho pisos, si tenemos en cuenta que esta mañana la casa ha vuelto a crecer.

A veces pienso que el maldito ascensor nunca llegó a funcionar. A veces echo de menos a la cotilla de Justina. Estas escaleras son cada día más largas y estrechas. No sé que haré cuando tenga que subir al piso diez.

domingo, 25 de octubre de 2015

El Rey de la Piel de Banana

                                               Dibujo de Universo Pamp.


El Rey de la Piel de Banana se ha vuelto loco. Le ha declarado la guerra a todo el mundo.

El Duque de Perales está histérico. Sabe que no puede enfrentarse a su ejército de plátanos de Canarias, y busca una alianza con sus enemigos, para vencer al cruel rey.

El Vizconde Ciruelo teme a la flota de chirimoyas blindadas del rey loco. Conoce su terrible poder de destrucción.

Las cerezas espías del Marques de Fresones han descubierto que el ambicioso rey ha convocado a sus tropas especiales de bananas tropicales de Borneo.

La cosa no pinta bien. Van a necesitar más aliados.

Las negociaciones con Lady Cotton garantizan la participación de sus melocotones asesinos. A ninguno les gusta tenerlos tan cerca, pero no hay más remedio. El Barón Limoner se ha unido a la causa del rey, y todos saben cómo se las gastan sus cítricos mercenarios.

–¡Esto es la hecatombe! –exclama Frai Picoto.

–Es el fin –susurra la Hermana Nectarina.

Kiwis, granadas y sandías huyen despavoridos, ante la inminente batalla. El Rey de la Piel de Banana se frota las manos, al ver todo dispuesto.

El General Manzanuelo piensa que se va a liar una terrible compota, y se dice que hoy es un buen día para morir.

La reina, sujetando la corona con rabia, está harta de las excentricidades de su marido.

–¡Por Dios, Epifanio! ¿Quieres dejar de declararle la guerra a la gente?

viernes, 4 de septiembre de 2015

Besos de princesa

                                                   Dibujo de Universo Pamp.


La princesa Adriana está enfadada, pues su príncipe azul le ha salido rana. Al primer beso que le dio, salió dando saltos por los pasillos. ¡Sin ni siquiera decir adiós! Ya es la tercera vez que le pasa.

La reina Andrea no para de gruñir, pues al rey Andrés le huelen los pies. Ya no es el príncipe esbelto que conoció tras su primer beso de amor.

–¡Hombres! ¡Para qué los queremos!

El rey vaga por los pasillos, añorando los viejos tiempos, cuando saltaba libre por el pantano, comiendo moscas y mosquitos. Cuando vio pasar al príncipe, le gritó:

–¡Corre, muchacho, corre!

El príncipe Julián quiere aprovechar la ocasión para pedir la mano de la princesa, pero tiene miedo, porque ha oído decir que es muy besucona.

La pobre Adriana practica sus besos con un muñeco de trapo. No quiere que le pase lo mismo de siempre.

El rey, hastiado, murmura entre dientes:

–Ay, muchacho, no sabes donde te metes.

La reina, enojada, le suelta una colleja que le descoloca la corona.

–¡Maldito sea el día en que te besé!